
A veces deseamos o incluso amamos y sabemos que es mala idea, pero el corazón sí entiende. Con mucha más frecuencia, de la que nosotros creemos. La razón cambia los sentimientos y de pronto dejamos de desear o de amar aquellos que nos parece racionalmente indeseable. Hay una constante comunicación entre los sentimientos y la razón, que se modulan mutuamente.
El corazón a veces quiere lo que no puede tener, y tiene lo que no puede querer.
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